En los últimos ejercicios se viene observando, de forma progresiva, una transformación en los procesos de análisis y toma de decisiones en el ámbito de la inversión en fases iniciales. Sin perjuicio de que el denominado business angel ha operado tradicionalmente sobre la base de la experiencia, el conocimiento sectorial y la intuición, comienza a apreciarse la incorporación de herramientas de inteligencia artificial como elemento de apoyo en la evaluación de oportunidades.
Este fenómeno, aún en fase de desarrollo y con distintos grados de adopción, no puede entenderse únicamente como una innovación tecnológica, sino como un cambio potencial en la forma en que se estructura el criterio inversor.
Contexto actual de la inversión en fases iniciales
El entorno en el que operan los inversores privados se ha visto condicionado, en los últimos años, por una corrección respecto a los niveles de inversión excepcionalmente elevados registrados en ciclos anteriores. Informes recientes de la OECD apuntan a una cierta estabilización del capital riesgo a nivel global, si bien acompañada de una mayor selectividad en la asignación de recursos y de una concentración apreciable en determinados sectores tecnológicos.
Dentro de esta dinámica, la inteligencia artificial ha adquirido un peso relevante en términos de interés inversor. Diversas estimaciones sitúan una proporción significativa del flujo reciente de inversión en compañías vinculadas a este ámbito, circunstancia que refleja una tendencia hacia la especialización, aunque sin que pueda afirmarse, con carácter general, su sostenibilidad a medio o largo plazo.
Este contexto incide directamente en el papel del business angel, que continúa desempeñando una función relevante en las primeras fases de financiación, si bien en un entorno caracterizado por mayor complejidad analítica y presión competitiva.
La inteligencia artificial como herramienta de apoyo al análisis inversor
La adopción de inteligencia artificial en procesos empresariales presenta ya un grado de penetración significativo. De acuerdo con estudios de McKinsey & Company, un porcentaje elevado de organizaciones manifiesta utilizar estas tecnologías en alguna de sus funciones, si bien con niveles de madurez heterogéneos.
En el ámbito de la inversión en startups, esta tendencia se traduce en la utilización incipiente de herramientas destinadas a estructurar el análisis preliminar de oportunidades. En términos prácticos, distintos inversores reconocen que estas soluciones permiten agilizar el análisis de proyectos, filtrar startups sobre la base de datos objetivos y detectar tendencias en mercados especialmente competitivos, lo que facilita la priorización en contextos de elevado volumen de oportunidades y ciclos de lanzamiento cada vez más rápidos.
Ahora bien, incluso en este contexto de creciente apoyo tecnológico, se mantiene una constante relevante: la decisión final de inversión continúa descansando, en gran medida, en elementos cualitativos, singularmente la calidad del equipo emprendedor y su capacidad de ejecución.
Conviene subrayar, no obstante, que la evidencia disponible no permite afirmar que dichas herramientas sustituyan el juicio humano ni que garanticen resultados superiores de forma sistemática. Algunos estudios académicos sugieren la existencia de correlaciones relevantes entre modelos algorítmicos y decisiones de inversión, pero tales conclusiones deben interpretarse con cautela, atendiendo a las limitaciones metodológicas y al carácter dinámico de los mercados.
Incidencia en el criterio del business angel
La progresiva incorporación de inteligencia artificial plantea una cuestión de fondo relativa a la configuración del criterio inversor. Si bien el análisis basado en datos no es ajeno a la práctica del capital riesgo, su formalización a través de modelos automatizados introduce un elemento adicional de sistematización.
Desde una perspectiva jurídica, ello podría tener implicaciones en la delimitación del estándar de diligencia exigible al inversor. Sin embargo, en el estado actual del mercado, no resulta posible sostener la existencia de una obligación generalizada de utilización de herramientas de inteligencia artificial. Su adopción debe entenderse, más bien, como una práctica en expansión cuya relevancia dependerá del perfil del inversor y de las circunstancias concretas de cada operación.
En este sentido, la ausencia de estas herramientas no determina, por sí sola, una actuación negligente, del mismo modo que su utilización no excluye la necesidad de un análisis crítico y contextualizado.
Riesgos y limitaciones
La utilización de inteligencia artificial en la toma de decisiones de inversión presenta, asimismo, determinados riesgos que deben ser considerados. Entre ellos, destaca la posibilidad de que modelos basados en datos históricos contribuyan a reproducir patrones existentes en el mercado, lo que podría favorecer decisiones homogéneas o reforzar determinadas tendencias.
Adicionalmente, informaciones difundidas por medios como Reuters han señalado la existencia de inquietudes en torno a la evolución de las valoraciones en sectores tecnológicos, especialmente aquellos vinculados a la inteligencia artificial. Sin perjuicio de que estas apreciaciones deben ser valoradas con prudencia, evidencian la necesidad de evitar una dependencia excesiva de tendencias de mercado o de modelos predictivos no suficientemente contrastados.
Por último, no puede obviarse que los sistemas algorítmicos incorporan, en mayor o menor medida, los sesgos presentes en los datos con los que han sido entrenados, lo que limita su pretendida objetividad y exige una supervisión constante.
Consideraciones finales
A la luz de lo expuesto, cabe afirmar que la inteligencia artificial se está incorporando de forma gradual al ámbito de la inversión en fases iniciales como herramienta de apoyo al análisis, sin que, por el momento, pueda considerarse que haya alterado de manera sustancial la naturaleza de la función del business angel.
Su utilización puede contribuir a mejorar la eficiencia en la identificación y evaluación de oportunidades, pero no elimina la incertidumbre inherente a este tipo de inversiones ni sustituye el juicio del inversor.
Desde una perspectiva jurídica y práctica, la cuestión no radica en la sustitución del criterio humano, sino en la integración de nuevas herramientas dentro de un proceso decisorio que continúa siendo, en última instancia, personal y contextual.
En este marco, desde ILIA ETL GLOBAL se viene observando cómo esta evolución tecnológica plantea nuevas necesidades de acompañamiento a inversores privados, particularmente en lo relativo a la estructuración de operaciones, la evaluación de riesgos y la incorporación ordenada de herramientas de análisis en sus procesos de decisión.
Artículo elaborado por nuestro compañero Mario García con la colaboración de Xavier Vilalta.
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