En determinados sectores —especialmente en el ámbito tecnológico— no todas las operaciones sobre startups responden a una lógica de crecimiento inorgánico basada en ingresos, cuota de mercado o activos.
En un número creciente de casos, el foco se desplaza hacia un elemento más difícil de valorar, pero crítico desde el punto de vista estratégico: el equipo.
A partir de ahí se articula el acqui-hiring, entendido como la adquisición de una empresa con el objetivo principal de incorporar a sus fundadores y empleados clave, mientras que el negocio o el producto pasan a un segundo plano.
No se trata de una práctica nueva. Sin embargo, su relevancia ha aumentado en los últimos años, en paralelo a la escasez de talento altamente especializado y a la dificultad de construir equipos de alto rendimiento desde cero.
El elemento diferencial: el equipo como activo difícilmente replicable
El rasgo que define el acqui-hiring no es la estructura jurídica de la operación, sino su objeto económico.
A diferencia de una adquisición tradicional, donde el valor reside en el negocio o en los activos, aquí el interés se concentra en un equipo que ya ha demostrado capacidad de ejecución conjunta.
En entornos como el desarrollo de software o la inteligencia artificial, esa dimensión colectiva resulta especialmente relevante. La coordinación, el conocimiento compartido y las dinámicas internas de trabajo son elementos que no se reproducen fácilmente mediante la contratación individual.
Por este motivo, adquirir una startup puede ser, en determinados casos, una forma más eficiente de incorporar talento que un proceso convencional de selección.
Cómo se estructuran estas operaciones en la práctica
El término “adquisición” puede inducir a error si se interpreta de manera estricta. En la práctica, este tipo de operaciones admite distintas configuraciones jurídicas que responden a un mismo objetivo económico.
En ocasiones se articula mediante la compraventa de participaciones o activos seguida de la integración del equipo; en otras, a través de la contratación directa de los perfiles clave acompañada de incentivos vinculados a su permanencia; y no son infrecuentes las estructuras mixtas que combinan inversión, acuerdos de continuidad y, en determinados supuestos, transferencia o licencia de tecnología.
Más allá de la fórmula concreta, el denominador común es que el valor de la operación no reside en la sociedad como tal, sino en las personas que la integran.
Qué ocurre con la startup tras la operación
Esta lógica se refleja también en la evolución posterior de las startups adquiridas. Cuando el interés principal reside en el equipo, resulta habitual que el desarrollo del producto se detenga o pierda prioridad, que la actividad se reduzca progresivamente y que, con el tiempo, la sociedad quede sin operativa relevante o termine siendo liquidada.
No se trata de una consecuencia accesoria, sino de una evolución coherente con el objetivo de la operación: si el valor estaba en el equipo, mantener el negocio original deja de ser estratégico.
Un caso representativo: Facebook y la adquisición de FriendFeed
Un ejemplo habitualmente citado en este ámbito es la adquisición de FriendFeed por parte de Facebook en 2009.
FriendFeed era una plataforma centrada en la agregación y transmisión de contenidos en tiempo real, permitiendo a los usuarios compartir actividad procedente de múltiples servicios y redes sociales. En aquel momento, el “tiempo real” se estaba consolidando como uno de los ejes clave del sector, con Twitter liderando ese segmento.
La operación se enmarca en ese contexto competitivo, pero no puede entenderse únicamente desde el producto. Facebook ya había intentado posicionarse en este ámbito —incluyendo intentos fallidos de adquisición de Twitter—, y la compra de FriendFeed supuso también la incorporación de un equipo con capacidad probada para desarrollar este tipo de soluciones.
El perfil de los fundadores resulta especialmente ilustrativo. El equipo incluía a antiguos ingenieros de Google con trayectorias destacadas, entre ellos Paul Buchheit, creador de Gmail, y Bret Taylor, vinculado al desarrollo de Google Maps. El propio Mark Zuckerberg destacó públicamente la calidad del equipo y la simplicidad del producto como elementos diferenciales.
La evolución posterior de la operación refuerza esta interpretación. El equipo fundador se integró en posiciones relevantes dentro de Facebook, se ha señalado que algunas de sus funcionalidades influyeron en desarrollos posteriores y el producto original dejó de evolucionar de forma autónoma hasta desaparecer. Incluso el importe de la operación —sensiblemente inferior al que Facebook había llegado a ofrecer por Twitter— resulta coherente con una lógica en la que el valor no residía en una base de negocio consolidada, sino en el potencial técnico y en el equipo.
El encaje jurídico: una figura a medio camino
Desde una perspectiva jurídica, el acqui-hiring presenta una particularidad relevante: la forma de la operación no siempre refleja con precisión su finalidad económica. Aunque pueda articularse como una compraventa de participaciones o como una serie de contratos laborales, el núcleo de la operación es la incorporación de un equipo organizado.
Esto obliga a prestar especial atención a cuestiones como las cláusulas de permanencia y no competencia, los esquemas de incentivos diferidos o el tratamiento de los socios que no continúan en la compañía. Más que una adquisición convencional, se trata de una operación híbrida que exige coordinar elementos de derecho mercantil y laboral.
Conclusión: una forma distinta de entender las operaciones sobre startups
El acqui-hiring pone de manifiesto una evolución clara en la forma de abordar las operaciones sobre startups. En determinados sectores, el análisis ya no se agota en los activos, la tecnología o la tracción comercial, sino que se desplaza hacia la capacidad de ejecución de los equipos.
Desde una perspectiva jurídica, este tipo de operaciones exige ir más allá de su forma y atender a su verdadera finalidad económica. La estructuración de incentivos, la gestión de la permanencia del equipo o el tratamiento de los socios que no continúan en la compañía pasan a ocupar un papel central en el diseño de la operación.
En ILIA ETL GLOBAL abordamos este tipo de situaciones alineando la estructura jurídica con el objetivo real de la operación y anticipando los riesgos asociados a la integración de equipos en entornos altamente competitivos.
Artículo elaborado por nuestro compañero Mario García.
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