El conocimiento ya no es escaso
Pocas tecnologías han irrumpido con tanta rapidez en el mundo profesional como la inteligencia artificial. En apenas unos años ha cambiado la forma en que buscamos información, analizamos documentos y resolvemos dudas que, hasta hace poco, exigían acudir a un especialista.
Hoy, cualquier empresario puede obtener en cuestión de segundos una explicación razonablemente precisa sobre el régimen fiscal de una operación, las diferencias entre dos estructuras societarias o los requisitos para iniciar una actividad en otro país. La barrera de acceso al conocimiento técnico se ha reducido de forma extraordinaria y, con ello, también ha cambiado una parte importante de la relación entre empresas y profesionales.
Desde nuestro punto de vista, esta es una magnífica noticia. La inteligencia artificial democratiza el acceso a la información, reduce tiempos de trabajo y permite que tareas repetitivas puedan resolverse con una eficiencia impensable hace apenas unos años. Sin embargo, precisamente ahí reside la mayor arma de doble filo que introduce para el sector del asesoramiento.
El cliente ya no busca solo respuestas
Durante décadas, buena parte del valor de un asesor residía en su capacidad para acceder e interpretar un conocimiento técnico que no estaba fácilmente al alcance del cliente. Esa realidad ha cambiado. Hoy, muchas reuniones comienzan con empresarios que ya han consultado distintas fuentes, han utilizado herramientas de inteligencia artificial o incluso llegan con un análisis preliminar elaborado.
Lejos de restar valor al asesoramiento, este cambio modifica la naturaleza de lo que el cliente espera encontrar al otro lado de la mesa.
La conversación ya no gira únicamente en torno al cómo. Cada vez con más frecuencia gira en torno al si conviene hacerlo, qué riesgos existen, qué alternativa resulta más adecuada o cómo afectará esa decisión al conjunto del negocio.
En otras palabras, el conocimiento técnico sigue siendo imprescindible, pero ha dejado de ser el principal elemento diferenciador.
Del conocimiento al criterio
Pensemos en una empresa que estudia la adquisición de otra compañía.
La inteligencia artificial puede explicar cómo estructurar jurídicamente la operación, resumir sus implicaciones fiscales o elaborar un primer análisis de riesgos. Todo ello resulta útil y, probablemente, formará parte del trabajo habitual de cualquier firma en los próximos años.
Sin embargo, difícilmente responderá a cuestiones como si ese es el momento adecuado para crecer mediante una adquisición, cómo afectará la integración a la cultura de la organización, si el precio refleja realmente el valor del negocio o si existen alternativas estratégicas más eficientes para alcanzar el mismo objetivo.
Lo mismo sucede con una reestructuración societaria, una expansión internacional o un relevo generacional. La norma jurídica constituye solo una parte de la decisión. El resto exige comprender la empresa, sus objetivos, su situación financiera, su modelo de negocio y el contexto en el que opera.
Peter Drucker afirmaba que «no hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia aquello que, en realidad, no debería hacerse». Probablemente pocas reflexiones describen mejor el momento actual. La inteligencia artificial permite ejecutar muchas tareas con enorme rapidez. El verdadero reto consiste en asegurarse de que esas tareas responden a la decisión adecuada.
La consultoría que viene
Quizá el debate nunca debió centrarse en si la inteligencia artificial sustituirá a abogados, asesores o consultores. La cuestión verdaderamente relevante es otra: qué profesionales aportarán más valor cuando el acceso al conocimiento deje de ser una ventaja competitiva.
Nuestra impresión es que el futuro del asesoramiento pasa, precisamente, por reforzar aquello que ninguna tecnología puede ofrecer de forma autónoma: criterio, juicio profesional, visión estratégica y una comprensión profunda del negocio de cada cliente. No porque la inteligencia artificial carezca de utilidad —al contrario, su aportación resulta extraordinaria—, sino porque las decisiones empresariales siguen dependiendo de factores que van mucho más allá de una respuesta técnicamente correcta.
En ILIA ETL GLOBAL entendemos la inteligencia artificial como una herramienta para trabajar mejor, no para pensar menos. Nos permite dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y más a aquello que creemos que seguirá marcando la diferencia: escuchar, formular las preguntas adecuadas, conectar disciplinas y ayudar a nuestros clientes a tomar mejores decisiones.
Y esa es, precisamente, la mayor arma de doble filo que introduce la inteligencia artificial en el asesoramiento. Hace más valiosos a quienes utilizan la tecnología para reforzar su criterio, pero deja mucho más expuestos a quienes confundían el conocimiento con el verdadero valor que espera un cliente.
Artículo elaborado por nuestro compañero Mario García.
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